Campa nadas


CAMPANADAS

Si no hay uvas, almendras o aceitunas
deshuesadas con lo mejor que tengas
en tu bodega, frigo y microondas
‑que no esté caducado, ya se entiende‑

y un cubierto de más, nunca se sabe.
Aparte, en sitio cerca, radio, tele
o torre de una iglesia que dé en punto
las doce en el reloj, hora española.

Fetiches o masocas, valen fotos
de quien eches de menos o el mechero
del último cigarro. ¿Dan? ¡Dan! Dan,

ni príncipe ni reina, cenicienta,
si acaso, un año más, y sin zapato.
El próximo, te acuestas más temprano.


del libro

PREDiSPOSiCiÓN DE LAS UVaS


PADILLA LIBROS

c/ Feria, 4. Sevilla

 

CARMEN
C/ San Jacinto, 52

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Predisposición de las uvas (publicidad de un libro)




2011
No he sido un año bueno
y aún huelo a chapapote
y a un muro en Palestina.
He sido año de guerras
malas, todas lo son,
desprecio del desprecio
de oriente y de occidente.
En mis meses ganaron
los de costumbre. He visto
vivir en una cárcel,
morir en el Estrecho.
He soportado reyes
y he soportado ricos
que no han sabido ser,
estúpidos, felices
y aún juegan con la crisis.
Os dejo un año más
las uvas y una boca
con más o menos dientes.
Contadlos. Suficientes.
Y adió
s.






Véndese en casa del librero Padilla
c/Feria, nº4, Sevilla

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Jesús Cotta Lobato : Con elegancia y desnudez, palabras para ELECCIONES GENERALES TODO A CIEN

Jesús Cotta Lobato : Palabras para todo a cien en Estado Crítico Con elegancia y desnudez

Con elegancia y desnudez

Elecciones generales. Todo a cien

Daniel Lebrato

SIM Libros, 2009

ISBN: 978-84-613-4060-6

55 pág.

7 euros
Jesús Cotta Lobato

A veces uno da con libros deliciosos y pequeños que le saben a gloria porque tienen lo mejor de su autor, que en este caso es mucho. Son libros donde el autor pone toda su sangre, todo su empeño, su razón y su corazón, su experiencia vital y su mundo poético, y luego lo quintaesencia y nos lo presenta en forma de elixir que se bebe en pequeñas dosis, porque la sustancia es intensa.

Yo, que soy un enamorado de los aforismos y las sentencias, he disfrutado como un enano con este Todo a cien.

Dos poemas conforman el prólogo y uno el epílogo y en medio el logo en forma de cien pensamientos agudos y brillantes, que tan pronto son máximas vitales como microrrelatos, y van desde la máxima a la greguería, desde la sátira mordaz a la exultación lírica, desde la proclama al arponazo, desde el buen titular de prensa a una nota a pie de página de un relato que el lector tiene que suponer, desde una impresión surrealista y onírica a unas notas de pintor para un cuadro, y todo entreverado de poesía, juegos de palabras y dobles sentidos. Cien disparos floridos e inclasificables, siempre in medias res, como a mí me gusta.
El autor no tiene además pudor ninguno en proclamar su pensamiento libre y difícil de etiquetar, que es el tipo de pensamiento que a mí me gusta y que necesitamos en esta época de dicotomías ideológicas de buenos y malos.

Si los dos poemas de confesión que figuran en el prólogo son sinceros y rotundos, el poema largo del epílogo tiene quizá demasiado de manifiesto político y con ello pierde un poco de garra poética, pero sigue siendo poesía de la buena, escrita en liras perfectamente medidas, y eso es lo novedoso: un metro clásico para un pensamiento nada clásico:

Numerados los mundos,
El nuestro es el primero
Y el resto aprenda inglés y a ser paciente…

Si mueren los obreros,
También le duele al yupi la cabeza.

Pero, a mi juicio, es el logo de los cien disparos lo mejor del libro. No habría podido yo lanzar a la casta política una puya mejor que esta:

Corazón de pizarra, empezó su carrera saliendo de delegado. Los repetidores se la tenían jurada a base de tiza y coscorrones y él se vengaba chivándose de los becarios.

¿Y qué me dicen de esta joya, que no sé si clasificar de microrrelato o estampa genial?

Habían quedado. Ella, biobífida, y dermo protectora. Él, manejando el látex de los preservativos como en quirófano los guantes de operar.

Recurra, pues, a este libro el amigo del talento, la intensidad y la elegancia más desnuda y todo aquel que aún acepte hacer de malo si es buena la película.

Jesús Cotta Lobato en Estado Crítico Con elegancia y desnudez

daniel lebrato obra publicada



Daniel Lebrato

Sevilla 1954

Tiene publicado en verso:

1.De quien mata a un gigante.

Jerez, 1988

(Isbn 84-86712-017)

2.De amor como disparos.

Tenerife, Nuestro Arte, 1995

(Isbn 84-89350-01-9)

3.¿Quién como yo?

Huelva, Colección Juan Ramón Jiménez, 1997

(Isbn 84-8163-098-5)

4.Hacia.

Sevilla, Qüasyeditorial, 1999

(Isbn 84-8743-5-58-0)

5.Alimañas (sobre óleos de Buly).

Sevilla, el Sobre Hilado, 2001

(Isbn 84-8434-078-3)

6.Elecciones generales Todo a cien.

Madrid, SimLibros, 2009

(Isbn 978-84-613-4060-6)

Daniel Lebrato obtuvo accéssit del Premio Rafael Alberti de Poesía

año 1996

Ha editado además

7.Gracias y desgracias del ojo del culo, de Francisco de Quevedo

Sevilla, Padilla Libros, 1996

(Isbn 84-87039-48-0)

Es corrector de la colección El Sobre Hilado, de Sevilla.


Daniel Lebrato

Sevilla 1954

Profesor de Lengua y Literatura en el Instituto San Isidoro de Sevilla

vive en Sevilla:

c/ Juan Rabadán 46,

41002 SE

tf. 669 82 38 90

daniellebrato@gmail.com

“Autor en quien lo biográfico se somete a un descarnado e irónico sentido del humor a través de un lenguaje en que los juegos verbales y dobles sentidos actúan contra los excesos de la melancolía” (Jesús Bregante: Diccionario Espasa de la Literatura Española, 2003)


Todo a cien, por José Antonio Moreno Jurado

ELECCIONES GENERALES TODO A CIEN


Daniel Lebrato, septiembre de 2009




Conocí a Daniel Lebrato por aquellos años de ensoñaciones, casi diría ilusiones, en que José Manuel Padilla, desde su librería de la calle Laraña, ya desaparecida, editaba en papel de estraza, que compramos en el mercado de la Encarnación, una sextina libelada, de autor anónimo, escrita contra todas las sextinas pedantes que escribían por entonces diferentes poetas sevillanos en todos los idiomas concebibles; por los años en que asistíamos, crédulos todavía, a diatribas literarias, más vacías de contenido que de rencores, como la que mantuvieron poetas como Joaquín Márquez y Abelardo Linares; por los años en que nuestra poesía se revitalizaba por fin tras la década casi hueca de los setenta, de la que hemos conservado en la memoria la frase malintencionada de “la poesía ha muerto, viva la novela”; por los años en que conseguíamos abarrotar la Biblioteca Pública de la calle Alfonso XII, cada semana, para escuchar con devoción a los poetas más interesantes del momento; por los años de nuestra desaparecida Dendrónoma, en la que editamos a Isaac de Vando Villar, con su Sombrilla Japonesa y su papada de anticuario bonachón, a Elytis, a Bacarisse, a Pongilioni, a Jacottet, a Juan Cobos; por los años en los que el propio Elytis, con su Nóbel a cuestas, accedió a presentar un libro suyo en Sevilla y a recorrer después el recuerdo de Juan Ramón y de Lorca.
Quiero decir que me une con Daniel, no sólo mi fidelidad, incomprensible para los años que corren, sino una serie de acontecimientos externos que constituyen, en definitiva, la vida o el paso de la vida. Recibí y desmenucé, con entusiasmo, cada uno de sus libros, De quien mata a un gigante (1988), De amor como disparos (1995), ¿Quién como yo? (1996) y Hacia (1999), pero me sigo perdiendo, debo confesarlo, entre todos sus escritos de Internet, y más, seguramente, por edad que por desilusión o desgana. De todas formas, intentaré ser lo más lacónico posible en la exposición de mis ideas, como es mi costumbre, para que Daniel nos confirme después mis aciertos y mis equivocaciones.
De hecho, cuando la prensa sevillana se nos ofrecía, se nos presentaba, frente a la creación poética, de manera menos cicatera y menos mezquina que en estos momentos de engaños y miserias, escribí alguna crítica sobre Daniel expresando cuanto creía y cuanto deseaba. Mi sinceridad en este terreno sólo me atrajo enemistades. Y escribí cuanto escribí, porque Daniel entraba de lleno en lo que siempre he venido llamando la estética del riesgo. Dicho sencillamente, se trata tan sólo de aquella poesía que se nutre de la tradición para superarla, para hacerla avanzar, y no de aquélla que se encuentra anclada en la imitación y el epigo-nismo.
Daniel, por fortuna, no ha cambiado. Sigue arriesgándose como siempre. Y se arriesga hasta el punto de ser consciente, creo yo, de que su poesía necesita ser descodificada con un esfuerzo mayor que el que empleamos en descodificar cualquier otro tipo de poesía, como la poesía descriptiva, la poesía costumbrista, la poesía de tono sentimentaloide o la poesía periodística, por poner sólo algunos ejemplos necesarios. Es evidente. Y está claro que la utilización de un esfuerzo mayor en la descodificación quita lectores, conduce a la soledad, al aislamiento, y, por ello, sólo contará con lectores inteligentes que, eso sí, siempre le guardarán una fidelidad extrema. Fíjense que no estoy hablando de poesía fácil y poesía difícil, porque siempre me ha parecido una clasificación ñoña e injusta.
Digo que el poeta sigue escribiendo desde el riesgo del fu-nambulista y de los saltos al vacío. A cuerpo abierto. Sin impor-tarle lo más mínimo el abismo o la distancia. Casi sin red. Sin embargo, con Elecciones generales (o como dice en algún sitio “erecciones generales”) Todo a cien, Daniel Lebrato insiste una vez más en sus propias fórmulas de escritura, avanzando, según mi criterio, a una mayor profundidad de contenido, o mejor, a una profundidad distinta. Vayamos por partes.
La arquitectura del libro nos resulta bastante evidente y fácil de manejar. Un núcleo central, que da título al libro y, por ello, ha de considerarse núcleo, rodeado o envuelto por dos poemas de introducción, “Aproximadamente” y “Los míos”, y por un largo poema que constituye la parte final titulada “Epístola moral o la tristeza”. En el centro de la construcción, “Todo a cien”.
Los dos primeros poemas resultan, en esencia, la identifica-ción, la autoconciencia del poeta, dicho de otro modo, su afirma-ción en el mundo, pues de alguna manera, en uno de ellos, “Aproximadamente”, nos elabora una pequeña biografía sentimental y, en el otro, “Los míos”, una sucinta biografía ideológica que parte del 5 de mayo de 1945 con la caída del nazismo alemán. Sentimiento e ideología configuran, así, la esencia misma del poeta, su manera de estar o de ser en el mundo. Resultan, si se me permite, las partes pudendas del alma del poeta, suponiendo que el alma tenga, como el cuerpo, semejantes regiones misteriosas.
El núcleo de la composición, como decía, da título general al libro, Elecciones generales Todo a cien. Se trata de cien composiciones pequeñas, en las que el autor juega con el cien de las tiendas en las que encontramos de todo a módico precio, y las elecciones políticas en las que todo es posible por afirmación o por su reducción al absurdo. No constituyen aforismos al estilo tradicional, ni greguerías para definir graciosamente objetos o circunstancias, ni pesimistas pensamientos machadianos ni breves observaciones filosóficas al estilo de Cioran. Son, concretamente, pinceladas minúsculas que evocan situaciones de la memoria, del sentimiento, de la realidad o de la imaginación. Característica común a todas esas pinceladas es el corte de doble filo de la expresión con la finalidad de buscar la sorpresa del lector, por una parte, y, por otra, su amor por la ironía, a la que volveremos, y por la antítesis.
Finalmente, la “Epístola moral” de Daniel Lebrato recoge evidentemente, como todos sabemos, una fórmula clásica de los siglos XV, XVI y XVII que fue utilizada preferentemente por los autores del momento para encaminar o iluminar el comportamien-to que debían seguir sus descendientes o sus lectores, y que fue utilizada incluso, en diferentes formatos pero con la misma inten-ción, por reyes y pontífices.
Sin embargo, más que una regla moral de comportamiento individual y colectivo, la epístola moral constituye la expresión de la realidad misma, de lo que se ve, de lo que sucede, de la injusti-cia colectiva, de la degradación del ser humano y, por ello, una ejemplificación de lo que no debe ser, de lo que no puede con-sentirse de ninguna manera. Daniel no afirma nunca que una situación concreta deba ser así y así, sino que nosotros, con esas ejemplificaciones, nos vemos obligados a deducir lo que no puede repetirse en el futuro. No me parece que lata, en el fondo, una actitud política de izquierda, que aquí sólo sería apariencia, sino un profundo y nostálgico humanismo, que queramos, o no, se nos va de las manos lentamente sin poder evitarlo.
No sé si podríamos hablar, en este caso concreto, de una poesía comprometida. Posiblemente. Pero, de ninguna forma, de una poesía comprometida con aspiraciones localistas al estilo de Manuel Mantero o Alfonso Canales o con aspiraciones partidistas al estilo Paul Eluard. Es algo más. Una corriente de ternura ante el dolor humano como en Maiakovsky. Exacto. El Humanismo consciente que se extiende desde Eurípides hasta Albert Camus en el Occidente europeo.
Y sus instrumentos, en la expresión escrita, son la ironía, por una parte, y la ternura por otra. Y tendrá que ver algo con el propio carácter de Dani el hecho de que esa ironía, profunda y siempre dolorida o doliente - jamás la débil ironía chistosa (nos hace sonreír levemente) que va desde Manuel Machado a Javier Salvago - nunca llega al sarcasmo, como en el caso de mi propio temperamento.
Me gustaría hacer una afirmación arriesgada y difícil. Miran-do el libro desde cierta distancia, estoy convencido de que en Da-niel Lebrato no existen tonos líricos. Entiéndase bien. Lo digo exactamente en el mismo sentido en que la poesía de Kavafis no contiene tonos líricos, constituya, o no, la herencia de Eliot y Pound en el poeta de Alejandría. Es evidente que no debo seguir este camino del análisis para no distanciarme de mi propósito. Di-go sencillamente que se trata de una poesía de diferente perspectiva. Nada más. Una poesía, por otro lado, que no puede tener imitadores, porque es personal y unívoca. ¿Cómo decirlo? No tiene, insisto, el lirismo del poeta que se queda prendado de una gárgola, casi en éxtasis, en una plaza cualquiera de una ciudad cualquiera, como en Maria Victoria Atencia, ni el lirismo amatista y pedante de las levitaciones de Lamillar ante la música o el lirismo del poeta que se deja arrastrar por el aire y por las mimosas ante la anacrónica belleza de un mundo de nunca jamás, como en el caso de Juan Cobos. La poesía de Daniel Lebrato saca su lirismo de la situación que describe y se encamina más a una sentimentalidad de la realidad, de lo real en sí mismo, que a una sentimentalidad de lo cursi. Y es bastante.




Currícolon

CURRÍCOLON

Cirugía y anatomía (patológica, se entiende) pusieron de su parte Entre las múltiples cacofonías, aquí el muchacho que ha puesto por la suya pólipo, adenoma y adeno carcinoma, suficiente como para escribir treinta centímetros de un pésimo poema iba a decir poenoma Se supone que dentro del cacho de carne como un morcón allá que han ido a la basura previo laboratorio con plastias y neoplasias los dos paquetes de tabaco, el café negro, la blanca navidad del aguardiente y la vieja bulimia anoréxica de botellines y serpentines ciegos con los excombatientes whiskys y antigua nicotina que tampoco ha prescrito Dirán que no es quimioterapia Biopsia: nunca sabremos si al microscopio se han visto los tres divorcios como tres úlceras con sus correspondientes pleitos, dos hijos con semejantes novias y carreras, algún temario gris de los de todo a cien para las oposiciones, broncas de padre, pánicos de madre y muy señor mío palos que te dejan compuesto y sin pan carta, cosas que pasados los cincuenta nos llevan al quirófano por si acaso otros cincuenta y que nos hacen ir al váter con la misma ilusión que cuando éramos chicos

Hablando en fermo, otra vez

Fotos hablando en fermo:



Lectura para entretener:


HABLANDO EN FERMO



«Sólo un imbécil dice la verdad cuando le preguntan

por su salud o por el libro que está escribiendo.»

$ Daniel Lebrato, Filosofía de la Verdad

HABLANDO EN FERMO

Escribo estas líneas como los grandes: desde la cama. Un ordenador portátil me distingue de Marcel Proust y otros enfermos imaginarios, pero igual que ellos yo también salgo en el isbn. Por eso algunos esperan de mí que, aprovechando esta interminable convalecencia, acreciente mi obra y le añada un volumen, ese volumen defini­tivo. Aunque lo mío ha sido el verso de breveda­des, oigo decir: De ésta sales con una novela o Estarás escribiendo mucho, ¿no? No. Los que trabajan se creen que estando en cama todo es tiempo libre y, que en el caso de un escritor, la obra vendrá sola. No me quejo. En quien se deposita la fe se pone la esperanza y sin duda la caridad.




Continúa la lectura:


HABLANDO EN FERMO





(fotos y textos, todos los públicos)

Pedro Domínguez, deValverde.es

PEDRO DOMÍNGUEZ: DANIEL REGRESA A SU COLLAR

DANIEL REGRESA A SU COLLAR.

Daniel Lebrato, matador, virtuoso guardián de gigantes, volvió ayer tarde al Collar de la Paloma. Pisó de nuevo el Instituto como el asesino pisa la alfombra limpia ya de sangre, sonriendo. A media mueca labio, cigarro y vino. Un sorbo de aire fresco, un beso a Maribel, un coño contenido, un regate a la nostalgia, un ¿pero no se había muerto?, un hostias, qué carajo, un adiós sin estridencias.

Daniel Lebrato regresó al Instituto. Ahora con nombre y sin torre de Babel. Fernando Murillo la levantó con los huesos de las sillas y las mesas a las que los alumnos nos encargamos de arrancarles la carne y un lumbreras la derribaría años más tarde. Daniel llegó y nos trajo de nuevo un trocito de La Paz, dos líneas de Borges, algún eructo. Llego para conmemorar, para recordar que hubo un tiempo en el que conjugábamos el verbo, el humo del cigarro, la vigilia de las noches, el brandy entre los dientes. Y no vino solo. Allí estaban Juan Martínez, Fernando Murillo (el Django Reinhardt y el Stefan Grappelli de la Clara), el tomillo verde de Juan Romero, la tremenda Maribel. Un paseo por los ochenta y pocos. El Diego Angulo (qué raro nos suena) ha cumplido treinta años. Y los ha celebrado en familia. Conferencia, almuerzo y placa. Cachito de nosotros entre sus aulas. Me fui y no le comenté a Daniel que lo último que había hecho precisamente en el escenario sobre el que estaba subido era un montaje de Piazzola. No sé si su buril titubea, pero sé que hace frío en la Acrópolis y que la sangre de su gigante sigue siendo azúcar en mis manos.

 

Valverde, peligro para caminantes

Valverde, peligro para caminantes



Efectivamente da coraje (¡qué coraje! era uno de los gritos de guerra de entonces) que muchos descubran un continente y uno solo le dé luego el nombre: América. El triángulo de aquellos años fue de Instituto, Ayuntamiento y Movida (Tumba del cojo, Claraboyas y Casablancas). Lebrato no fue más que un gestor oportuno. El triángulo era equilátero, una banqueta con tres patas, le quitas alguna y no se sostiene. Daniel lo dijo en el teatro: "Yo no debía estar en esta mesa. El instituto lo hizo el pueblo, profesores hubo hijos del pueblo, hijas del pueblo, y la prueba está que yo me fui, otro amor yo tendría, y vosotros habéis seguido". Renteros, Arroyos, Romeros, Almeidas, Villadeamigos, conmigo vais como los Campos de Soria, mi corazón os lleva. Sin culto a la personalidad, Daniel Lebrato cuenta que cayó de chico en una asamblea y desde entonces todo lo somete a votación. Experto en minorías, la mayoría de las votaciones, soy especialista en perderlas y por eso el gigante. La de Valverde tuve la suerte inmensa de ganarla con ustedes. Pero como Valverde también se mira mucho al ombligo, lo que yo quiero a Valverde y lo que Valverde se merece por méritos propios, eso no lo diré. Eché de menos mis gafas oscurísimas, mi cuello alzado y mi bufanda para perderme y no ser visto, para verles a ustedes sin que sonaran ni mi cara ni mi nombre. Ahora que he sido descubierto, ahora que sabéis que estuve, Pedro Domínguez, puedo/tengo que regresar más a menudo. Un abrazo vivo.